Imagen web- Autor desconocido |
Quizá haya sido la fecha del primer posteo en una nueva etapa. Anteriormente lo había utilizado como una plataforma de difusión de mi trabajo. Primer intento de presencia en la web, años de eclosión de las redes sociales. Al menos para mí.
Han pasado ocho años. He disfrutado este blog, lo he recreado, re diseñado, reinventado. Cambié su nombre, cambié su tónica, experimenté variantes. Horas de soledad en compañía de un espacio virtual también solitario en donde experimenté el encuentro con mis fantasmas, mis palabras y un mundo imaginado que por momentos creí haber vivido. Las etiquetas en cada posteo han sido una guía hacia esas capas de mi ser y de mi vida que a veces pienso antagónicas, idea que mi terapeuta se encarga de poner en orden para hacerme comprender que no hay un "gustavoprofesional" y un "gustavohumano" sino que ambas son las dos partes de un mismo ser complejo que habla, dice, crea y trabaja porque es humano y este trabajo del arte es un intento de crear belleza para darnos respuestas humanas a nuestros desencuentros, a nuestra esencia.
Pero la web es confusa y seductora como una telaraña submarina.
Entonces intento separar las aguas y establecer límites: aquí el trabajo, allí la vida.
Al pasar de los años estas fronteras se han diluído, confundido, enredado y tergiversado hasta dar por resultado este que hoy soy: alguien que disfruta con su profesión en tanto y en cuanto esta no se vuelva una carga pesada y solemne. Alguien que entiende la ficción como una forma de dialogar consigo mismo y con sus propias debilidades. Que descubre en el placer de construir historias el mismo placer que se siente al desmenuzar nuestra naturaleza humana y entender por qué funcionamos como funcionamos. Y cuando entiendo el modo en que la Ficción revela el secreto de nuestra esencia es cuando entiendo que la misma es ineludible y está fuertemente presente, entiendo que si forma parte de cada minuto entonces es necesario divertirse con ellos, crecer hacia la superación de límites sin perder la perfectible y atractiva esencia humana, esa que nos hace identificarnos con el otro y compartir momentos.
Por eso este blog, que cada tanto descuido, que cada tanto retomo y mimo, es un testigo de esos devenires que durante ocho años han estado vapuleando mi humanidad entre amores, desamores, desencuentros, angustias y revelaciones y que ahora encuentran un equilibrio que bien puede volverse palabras. A veces serán dichas por personajes, a veces serán dichas por mí. Y este espacio, ahora llamado "Crónicas Piscianas"( ¡que ambicioso, verdad?) es esa suerte de diario no íntimo en donde podemos compartir cuestiones de la vida sensible que experimentamos de modos diversos.
¿Qué?
¿Qué no es relevante? Puede ser; ésto sólo habla de mí, nada más que de mí. El trabajo de un autor ha de ser interesante por su obra y no por su vida personal. Pero, vale, la una se refleja en la otra y quizá la empatía y la riqueza también tengan que ver con estos diálogos entre unos y otros.
Me gustan-y mucho- las redes sociales. Pero siempre acuciadas por la premura y el barullo de cien comentarios y re-posteos suelen volverse calles ruidosas donde el recogimiento no tiene lugar. Este pez que ahora se sumerge en aguas abisales sale de las ruidosas redes Facebook, Twitter y otras para entrar en este aḿbito íntimo en donde poder conversar con otros peces y ejemplares variopintos de la fauna que sea acerca de las cimas y los abismos donde reconocer quienes somos.
Yo los invito a no ocultarse en el silencio: sólo en una charla tranquila donde suene una bossa nova con algunas copas de vino, un relax de varias horas y sus comentarios para acompañarme en este viaje a favor y contra las corrientes.
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