Entre la gente de teatro suele existir un ritual no escrito: saludar a los colegas actuantes luego de una función. Casi como una norma no escrita, los realizadores de ficciones esperamos con ansiedad que nuestros pares nos den su mirada, su abrazo, su reacción. Y con ansiedad semejante, los espectadores queremos volcar esas impresiones en un abrazo post-función , en una sonrisa de apoyo y de agradecimiento. Pero a veces, este ritual es literalmente demolido por la impresión. Son esos momentos en que la tan mentada "magia" se hace presente bajo formas no siempre auspiciosas; al menos, en apariencia. Cuando eso sucede, el saludo- los teatrólogos sostienen que la función del aplauso es "quebrar la ficción"- que rompe con las convenciones, el espacio de veda y el "creerse" la ficción no se hace presente ni como necesidad ni como gesto de gentileza. Hay momentos en que el teatro se vuelve literalmente violento , procaz, ultrajante. Y es cuando se insta...
Entre el ensueño y la realidad navegan los seres de Piscis. Y en particular es mi modo de concebir la vida y percibir esos universos fronterizos entre la ficción y la cotidianeidad.¿Donde termina uno y comienza el otro?